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¿Reinventarse o adaptarse?

Mejor adaptarse que reinventarse

Si estás buscando activamente trabajo y eres de los que se sumerge en el maremágnum de internet en busca de artículos de ayuda, seguro que te habrás topado con frases que parecen sacadas de un libro de motivación personal, del estilo; “es el momento de reinventarse”, “vende tu marca personal”, “no esperes obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo”, y tal vez hayas pensado; el/la que escribió esta frase, seguramente no se encuentra en mi situación. Yo soy orientador del Servicio Valenciano de Empleo, y sería incapaz de espetarle un eslogan semejante a la persona que tras haber trabajado 15 o 20 años ejerciendo una profesión, aprendiendo, perfeccionando su oficio, esforzándose por progresar, un día se encuentra que su empresa va a desaparecer, y a la postre, con el paso de los meses, va tomando conciencia de que su sector ha muerto, y seguramente ya nunca podrá trabajar de lo que mejor sabe hacer.

¡Mejor adaptarse que reinventarse!

¿Y por qué no le aconsejaría que diera un formidable giro a su vida y se reinventase? Lo primero porque de la experiencia he aprendido que para poder ayudar, es fundamental conectar con la persona que se sienta al otro lado de la mesa, ponerse en su lugar, y valorar lo que ha sido su trayectoria profesional. Y en ese proceso no ayuda en nada emplear términos tan positivos y simplistas que chocan brutalmente con la dura realidad del desempleo; porque no puedo darle a entender que el camino profesional que ha andado hasta la fecha, en el que invirtió tiempo y esfuerzo, ya no sirve para nada, que debe olvidarlo, borrarlo, y transformarse de la nada en un nuevo producto, de los que demanda el mercado, de los que más posibilidades tienen de “venderse”. Al contrario, lo que debería hacer es construir puentes desde su experiencia y formación adquirida hacia perfiles profesionales con más salida laboral. Debería adaptarse a las nuevas demandas del mercado laboral, pero siempre partiendo de los valores y competencias profesionales que ya atesora.

Dicho esto, es cierto que el mercado de trabajo se encamina a expulsar a aquellos trabajadores que no tengan estudios reglados, y ése es el principio del que suelo partir para trazar el itinerario personalizado de inserción. La cruda realidad es que en los procesos de selección se discrimina desde el inicio entre los aspirantes que poseen la mínima titulación demandada y los que no, por eso las posibilidades de llegar a la entrevista de trabajo se multiplican cuanto más ascendemos en la escalera de la formación reglada. Y así lo reflejan las estadísticas oficiales del INE, que señalan que el desempleo afecta un 20% menos a las personas que poseen un título superior, aunque esto no te garantizará que ocupes un puesto de trabajo de tu nivel de cualificación. Tasas de paro según grupos de edad y niveles de educación.

Ése es el punto por el que debes debes empezar, y donde debes centrar todos tus esfuerzos; adquirir una formación reglada que te permita competir en el mercado laboral; acceder a las oportunidades de trabajo de una forma real y efectiva.
¿Y por qué es tan importante un título académico? Porque por mucho que desarrolles las competencias que demanda el mercado laboral para tu perfil profesional, no tendrás la oportunidad de demostrar tu valía si eres descartado en la etapa inicial del proceso de selección porque en tu currículum no aparece el título de bachiller, una formación profesional, o un certificado de cualificación profesional que de credibilidad a todos tus años de experiencia laboral.

Teniendo en mente esa meta, puedes invertir tu tiempo (si es que aún te sobra algo) en actualizar tus competencias y habilidades profesionales, con cursos específicos.

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